A veces, la terapia te desordena. Y eso permite re-ordenar de otras formas.
El proceso de terapia puede ser como ordenar un armario en el que hemos ido guardando cosas sin más, está hasta los topes, hay un montón de cosas que no me sirven, otras que no encuentro y acabo poniéndome siempre lo mismo aunque no me vea bien.
Me tengo que hacer el ánimo… puede que me lo haya propuesto varias veces y no he pasado de la intención.
Tengo que dedicarle TIEMPO.
Empieza a vaciarlo y sacarlo todo... así que se convierte en un CAOS.
NO SÉ por dónde empezar.
Parece que me va a llevar más tiempo de lo que creía.
Siento que mejor haberlo dejado como estaba…
Lloro porque NO ME VEO CAPAZ.
Observo la ropa tirada por el suelo, la muevo de un sitio a otro, me distraigo con otras cosas y vuelvo a observarla, lo pospongo y vuelo...
Empiezo separando la ropa y hago MONTONES.
El caos parece más pequeño.
Veo lo que está estropeado o ya no es de mi talla y NO ME SIRVE.
Lloro NOSTÁLGICA al recordar cuándo me lo ponía y lo bien que me veía con ello.
Me lo vuelvo a probar y me doy cuenta que tampoco antes me quedaba tan bien…
Vuelvo a llorar.
Tengo la tentación de guardarlo de nuevo… por si acaso.
En un acto kamikaze, lo aparto para preguntarle a mi amiga a ver si a ella le sirve, antes de decidirme a TIRARLO.
Lloro AL DESPEDIRME del vestido de aquella cena, de la camiseta de cuando te conocí y de aquellos vaqueros de los conciertos.
Hago un montón con lo que puedo aprovechar con algún ARREGLO, un buen lavado con suavizante y NUEVOS COMPLEMENTOS. No es mucho, pero algo es algo.
Encuentro un vestido del que no me acordaba, me encanta su color y ME SIENTA FENOMENAL.
Lloro ENTUSIASMADA y me lo pongo inmediatamente.
Me doy cuenta de que casi no tengo ropa.
Vuelvo a llorar.
Decido comprar ropa nueva, cómoda, de MI ESTILO y favorecedora.
Pruebo a doblar la ropa a lo Marie Kondo y ME SIENTO MÁS CAPAZ.
La voy colocando con cuidado en las baldas y cajones recién limpios, pruebo distintas formas y lo voy dejando COMO NECESITO para encontrarlo, COMO ME GUSTA.
Siento el ALIVIO de ir viendo mi nueva ropa ordenada y limpia en el armario.
ME SOBRA SITIO en el armario y eso ESTÁ BIEN.
Siento más calma.
Lloro AGRADECIDA y ORGULLOSA de mi.
Respiro...
Calma...
Respiro...
Calma...
Respiro…
...
La terapia psicológica es un proceso.
El cambio psicológico no es lineal.
Para sentir estructura a veces hay que pasar por desestructurar. Para sentir calma, a veces tenemos que sentirnos primero removidos e incómodos.
Sentirnos confundidos puede ser el paso previo a comprender profundamente.
La sensación de desorden también es parte del proceso. Es una señal de que algo se está moviendo. Es la transición hacia algo nuevo.
El cambio se puede sentir como un caos, antes de que veamos el nuevo orden.
Cuando el organismo se da cuenta de que lo que estaba haciendo no funciona, se puede sentir como un caos.
Es normal que algo se descoloque y lo sintamos como fuera de sitio. Se puede sentir como un hueco, un vacío, un “no sé”.
Este vacío es fértil, es donde empieza el cambio, es un “ya no quiero así, todavía no sé cómo pero sí se que quiero que sea de otra forma”.
Es solo el paso previo para poder flexibilizar nuestros patrones y ajustarnos de otra forma. Es el espacio cuando estamos aprendiendo algo nuevo y elegimos movernos.
Es cuando pasamos de reaccionar a lo que ocurre a elegir cómo hacerlo.
La terapia aumenta la conciencia emocional.
Eso se puede sentir como mayor malestar porque hemos estado desconectados y evitando lo que sentimos.
Conectar con lo que sentimos, permite nombrar lo que nos pasa y saber lo que necesitamos realmente. Y eso es lo que ayuda.
En la terapia, el cerebro reorganiza conexiones.
Cuando aparecen nuevas formas de entendernos el cerebro también puede reorganizarse.
Sumamos formas nuevas de hacer las cosas, que pueden verse difíciles al principio y poco a poco son más fáciles. Son más opciones que nos ayudan.
La terapia ayuda a conectar con las emociones.
La exposición a emociones evitadas genera incomodidad inicial, pero reduce el malestar a largo plazo.
Acercarme poco a poco puede ser más fácil que hacerlo de una vez. Cuando nos atrevemos, aunque sea un poco, nos damos cuenta que podemos estar con eso que evitábamos, y eso ayuda a encontrarnos mejor.
La terapia es descubrir cómo sería relacionarte de otra forma.
La autocompasión y la aceptación fortalecen la regulación emocional y disminuyen la ansiedad.
Hablarnos bien siempre es mejor.
Ser comprensibles con lo que nos está pasando y permitirnos lo que sea que estemos sintiendo, nos ayuda a seguir.
Descubre más noticias
No te pierdas las últimas novedades

Si necesitas calmarte

¿Resaca navideña?

Día europeo de la depresión
Sígueme en RRSS
Mantente informado de las últimas novedades

